Nossa Senhora de Aparecida

Nossa Senhora de Aparecida
Devociòn mariana en Natà de los Caballeros, Panamà

Oración a Nossa Senhora Aparecida

Querida Madre Nuestra Señora Aparecida,

tú que nos amas y nos guías todos los días

Tú que eres la más bella de las Madres

a quien amo con todo mi corazón,

te pido una vez màs que me ayudes a alcanzar una gracia.

sè que me ayudaràs y sè que siempre me acompañaràs hasta la hora de mi muerte



reza tres dìas seguidos esta oraciòn y alacanzaràs la gracia, por màs difìcil que ella sea.

En caso extremo, hazla en tres horas


Aparecida - Brasil

Historia

A unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, Villa del Estado de Sao Paulo, se encuentra el pueblo de la Aparecida, que debe su nombre y origen al Santuario de la Virgen que fue levantado en 1743.

En octubre de 1716 pasaba por Guaratinguetá con rumbo a Minas, el gobernador de San Pablo, Pedro de Almeida y Portugal. Los pescadores de la zona querían darle la mejor atención, por lo que tendieron sus redes al río Parahiba, pero con escasa fortuna. Viendo esto, uno de ellos llamado Juan Alves, corrió hasta el lugar denominado Itaguassú y habiendo allí lanzado sus avíos de pesca, sacó del primer lance entre las mallas de su red una imagen de la Virgen a la que le faltaba la cabeza. Volvió de nuevo a lanzar la red en otra dirección y esta vez logró aprisionar la cabeza de la imagen.

Lleno de asombro ante tal hallazgo, dirigió su barca hacia la orilla y después de limpiarla descubrió que era una Virgen Inmaculada. Sus compañeros participaron de esta alegría y animados por este suceso volvieron a echar sus redes consiguiendo una abundante pesca.

Los pescadores se llevaron la imagen y en la casa de uno de ellos, le arreglaron un sencillo altar. Más tarde otro pescador al trasladarse a Itaguassú, construyó en su nuevo domicilio un oratorio y en él puso la imagen, ante la cual los vecinos se reunían para rezar el rosario y entonar himnos.

No se sabe cómo la pequeña imagen de solo 36 centímetros fue a parar al río, pero sí se conoce a su autor, Frei Agostino de Jesús, un monje carioca de Sao Paulo que trabajaba el barro con arte y refinamiento. La imagen que fue moldeada hacia el 1650, permaneció sumergida en el Paraíba por muchos años, hasta perder su policromía original y quedar de un brillante color castaño oscuro.

La Virgen morena se presenta a la veneración de los fieles recubierta por un rígido manto de gruesas telas ricamente bordadas, que sólo permiten verle el rostro y las manos, que une sobre el pecho en continua oración. Porta la corona imperial, de oro y piedras preciosas, con la que fue coronada reina de Brazil por el Papa Pío X en el 1904. Pío XII la proclamó patrona principal del Brasil en 1930 y el día de su fiesta, el 12 de octubre ha sido declarado feriado nacional.

Fue creciendo tanto la devoción por la Virgen Aparecida, que en 1984, la Confederacion Ncional de Obispos de Brasil declaro oficialmente la Basilica de Aparecida: SANTUARIO NACIONAL: El mayor Santuario del mundo.

Una Basílica gigantesca para la Santa Patrona de Brasil

En 1834 se da comienzo a la construcción de una iglesia más grande, que se convierte luego en la vieja Basílica, cuando en 1955 se inician los trabajos gigantescos de la « nueva Basílica ». Por decreto del Vaticano, en 1884, con motivo del primer centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Aparecida fue coronada por el Arzobispo de Sao Paulo, en presencia del Nuncio apostólico. En 1930, el 16 de julio, en un nuevo homenaje de la nación a Nuestra Señora de Aparecida es proclamada solemnemente santa patrona de Brasil, en presencia de las autoridades civiles y religiosas del país. A mediados del siglo XX, en 1955, se construye la inmensa Basílica actual.

El segundo santuario mariano más frecuentado del mundo

Gigantesca, en efecto, es Nuestra Señora de Aparecida con su torre de 100 metros de altura, su cúpula de 70 metros, su nave en forma de cruz griega de 173 metros de largo y 168 metros de ancho, con una superficie total de 18.000 metros cuadrados! Su capacidad de acogida es de 45.000 fieles. Por sus medidas, Nuestra Señora es la segunda Basílica más grande del mundo, después de la San Pedro de Roma. En 1980, el papa Juan Pablo II visitó a la Virgen Aparecida en su santuario, concediéndole el título de Basílica. Unos días antes, un individuo lanzó al suelo la imagen fraccionándola en muchos pedazos. Quiso así parar el gozo de la celebración que se esperaba. Pero el amor y el cuidadoso trabajo de varios artistas y expertos logró reconstruirla perfectamente y la Virgen Aparecida retornó a su nicho en la basílica en medio de la enorme multitud que la aclamaba por madre del Brasil. El odio jamás vencerá sobre el amor de la Madre de Dios quien nunca abandona a sus hijos.

Juan Pablo II en ocasión del centenario de la coronación de Nuestra Señora Aparecida, 2004, escribe que "este patrocinio de María sobre una nación no es posible sin la cooperación de sus protegidos, sino que supone su libre consentimiento, que se renueva cada día; supone que se hagan dignos de él, encarnado en un compromiso de vida inspirado por las certezas profundas y sólidas de la fe".

Dirigiéndose en particular a los obispos, el Papa subraya la importancia de "asumir con verdadero espíritu pastoral la antiquísima devoción mariana de vuestro pueblo. (...) Para que esta devoción sea un camino para el encuentro, en la fe, con Dios en Jesucristo, depende mucho del ejemplo de los pastores y de los agentes de pastoral".

"Ayudad por tanto a los fieles a vivir su devoción mariana como un testimonio claro y valiente de amor a Cristo, que manifieste la identidad personal y comunitaria de los católicos, contra el peligro del secularismo y del consumismo, y al mismo tiempo, favorezca en las familias la práctica de las virtudes cristianas. Del mismo modo, esta devoción ayudará a consolidar los vínculos de comunión con los pastores de la Iglesia de Cristo, afrontando la disgregación de la fe, tantas veces fomentada por el proselitismo de las sectas".

Benedicto XVI obsequió una rosa de oro a la Virgen de Aparecida

13 de Mayo - APARECIDA. El Papa Benedicto XVI, quien cumplió su primera visita a Latinoamérica, entregó una Rosa de Oro para la Virgen de Aparecida, considerada como la patrona de Brasil, y recibió de regalo un recuerdo del Santuario.

El Santuario de Aparecida informó que la Rosa de Oro fue entregada por el Pontífice, durante el inicio del rezo, y que la pieza fue recibida por el Arzobispo de Aparecida, Raymundo Damasceno Assis.

"Los Papas acostumbran ofrecer como presente una Rosa de Oro en señal de particular estima, para honrar ciudades o para realzar Santuarios insignes como centro de gran devoción", precisó un comunicado de la entidad. S.S. Benedicto XVI, quien realizó una misa multitudinaria en Aparecida, recibió por su parte un recuerdo exclusivo del Santuario de Aparecida confeccionado en oro y terracota.

"El tercio (recuerdo) se trata de una pieza confeccionada en oro y terracota, acondicionada en un embalaje que, montada, se transforma en una réplica del trono de la imagen de Nuestra Señora Aparecida, encontrada en las aguas de Río Paraíba", explicó. El regalo al Papa incluye una réplica de la cruz del Puerto Itaguatú, "que marca el lugar donde toda la historia de Nuestra Señora Aparecida comenzó", indicó el Santuario.

El Pontífice inauguró en este viaje, la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)a su visita en este país.

Se ha conocido los enormes milagros que ha hecho esta advocación mariana en todo el mundo, y los devotos cristiano católicos siguen creciendo cada vez más; teniendo en cuenta el poder de María de interceder ante Dios, su hijo y el Espíritu Santo, por las inquietudes del hombre pecador.

“Cree en María y haz que su advocación de Aparecida, te haga un ser más humano y seguidor de las enseñanzas de Jesús, en compañía del rezo diario del Rosario”

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